La credibilidad, esa gran ausente

CUANDO UNA SOCIEDAD se encuentra en las difíciles situaciones como las de Guatemala en los últimos años, pero exponencialmente presentes en los meses, semanas y días recientes, comienza a aparecer en el horizonte de los ciudadanos la percepción de la crisis, cuya presencia solo ha sido captada por algunos observadores. Se multiplican las expresiones sectoriales e individuales referentes a la ingobernabilidad, por ejemplo, y ciertamente el camino lleva a ese precipicio, con el agravante de tener descensos difíciles de soslayar aun en situaciones normales. Sin obviar ni hacer a un lado la importancia de este factor, existen otros cuya presencia no es desconocida, pero no hay capacidad —o deseo— de analizar sus desastrosas consecuencias.  
 

UN FACTOR DE este tipo es la credibilidad. Creer es una necesidad fundamental del ser humano. Su base fundamental es el  campo religioso, pero igualmente abarca lo político, lo social, lo familiar y lo individual. Es un factor esencial para la relación entre los seres humanos, como puede comprenderse al conocer el verbo del cual surge: creer, en su significado de “tener algo por verosímil (sin falsedad) o probable”. Este concepto va muy cercano al de confianza, en una esperanza firme en alguien o en algo. Al reducirse o desaparecer cualquiera de esos conceptos, comienza un proceso muy largo y muchas veces poco advertido, cuyo peor resultado es el de la desintegración o los daños irrecuperables del engranaje social en cualquiera de sus manifestaciones.

LA PRIMERA PREGUNTA para los guatemaltecos es precisamente esa: ¿cuál es el nivel de credibilidad presente en nuestra manera de ser intrínseca o provocada por factores históricos lejanos, medianos o recientes en el tiempo? Ciertamente, la credibilidad no puede ser absoluta, a causa de descansar sobre todo en seres humanos. Pero no por ello es conveniente su ausencia. Los guatemaltecos no creemos o tenemos confianza en nada. Somos desconfiados, en mucho porque  las circunstancias nos han hecho serlo. No vemos con esperanza los cambios y ese ambiente negativo mayoritario —a mi criterio— contribuye al desmoronamiento de los cambios, de las iniciativas, de los ensayos, y sobre todo de las esperanzas por lograr avances y mejoras.

LA CREDIBILIDAD IMPLICA la esperanza o el convencimiento del cumplimiento de la tarea de todos. Pero, muchas veces por razones justificadas, esa labor realizada por seres humanos —por ello susceptibles a las falencias, la maldad en todas sus manifestaciones— provoca el rechazo hacia todos: políticos, diputados, jueces, magistrados, curas, pastores, burócratas, empresarios, maestros.  No se confía tampoco en las instituciones: el gobierno, las municipalidades, el congreso, el sector privado, la liga de futbol, las universidades, ni en los sistemas educativo, judicial, de salud pública. En otras palabras, a nuestro criterio el otro, o sea el prójimo, no va a cumplir con sus tarea, y por ello no se justifica el cumplimiento de la nuestra personal.

ES IMPOSIBLE EVITAR ENtonces la falta de confianza en nosotros  mismos, y ello incluye considerar inútiles  las acciones tendientes  a lograr cambios y avances, con lo cual se asegura el atraso también generalizado, aunque no por ello deje de haber excepciones en algunas personas y en entidades sociales. Al analizar los acontecimientos de estos días a la luz de la falta de credibilidad, resalta esa credibilidad en proceso de reducción. Cambiar esa tendencia no es asunto  de leyes, ni de comisiones de postulación, ni de presiones en favor o en contra de nadie. Va más allá, o más bien dicho, está colocado en un  escaño superior  porque es básico, donde radican los cimientos verdaderos del conglomerado social. No entenderlo es peligroso.

Publicado el 15 de octubre de 2014 en www.prensalibre.com por Mario Antonio Sandoval
http://www.prensalibre.com/opinion/La-credibilidad-esa-gran-ausente_0_1229877319.html

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