Descaro

18XGuate

JORGE JACOBS A.

No se contentaron con espiar a los medios de comunicación. No se podían quedar callados. Tenían que gritar al mundo su desfachatez. Todos debían saber que su poder estaba por encima de la ley. Todos debían entender que si osaban enfrentarlos, las maldiciones de la caja de Pandora se quedarían cortas comparadas con la ira que desencadenaría semejante irrespeto. El mensaje, según ellos, era muy claro: O se autocensuran y dejan de criticarlos, o se atienen a las consecuencias. ¡Pobres políticos infatuados por el poder! Todavía creen que viven en el oscurantismo. No se han dado cuenta de que en la realidad actual, la censura es imposible; sus acciones se conocen y son propensas a ser criticadas casi inmediatamente. No tengo idea de qué pudo pasar por sus estrechas mentes para siquiera considerar que dar a conocer públicamente que espían a los medios de comunicación podía abonar a su causa.

Quizá sea efecto de la burbuja de aduladores y serviles que los rodea y los aísla del resto de personas. O tal vez sean rezagos de otros tiempos, cuando el poder se ejercía a base de imponer el terror. Pueden haber creído, erróneamente, que de esa manera moverían a las “masas” a la indignación contra la prensa o por lo menos contra el medio acusado. O quizá creyeron que amedrentarían al medio para no publicar el reportaje. No lo sé y me cuesta entenderlo.

Pero el punto es que lo hicieron. No pudieron esperar unas horas a que el reportaje fuese publicado, sino que tenían que salir antes. El incidente no hubiera pasado a más si se hubiesen esperado 12 horas a que la nota fuese publicada en el diario para presentar sus argumentos de descargo. Pero lejos de eso, prefirieron poner en evidencia lo que siempre se ha rumorado: que los políticos en el ejercicio del poder espían a la prensa.

Siempre se ha sospechado y rumorado que los gobernantes espían a la prensa —y a muchas otras personas— pero nunca se había probado fehacientemente. Ahora ya no se necesita especular más. Los mismos gobernantes proporcionaron las pruebas que los incriminan. No son pruebas de intercepción de llamadas y técnicas muy sofisticadas, sino solamente del tradicional uso de espías encubiertos —o “informantes” pagados—. Lo que abona a incrementar los demás temores: Si le pagan a gente dentro de las empresas de medios para que les filtren información, ¿por qué tendrían algún escrúpulo para interceptar las llamadas de sus “enemigos”? ¿Qué les impide hacerlo? ¿La ley? Ya demostraron que esta les viene del norte.

Mientras tanto, nosotros, los ciudadanos, no podemos quedarnos callados. Debemos reclamar a los gobernantes el abuso de poder y los delitos que se pudieron haber cometido. Debemos dejarles claro que la Libertad de Expresión es un valor fundamental que no puede ni debe sucumbir ante los espurios deseos de los políticos de acallar a quienes investigan y encuentran algunos de los recurrentes casos de corrupción. Si queremos preservar nuestra libertad, es primordial que defendamos ahora la Libertad de Expresión de los ataques de los cuales es objeto.

Publicado el 18 de Septiembre del 2014 en www.prensalibre.com 
http://www.prensalibre.com/opinion/Descaro_0_1213678856.html

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