Desatinos e insolencias

Proliferan las declaraciones absurdas.
 
La política de Guatemala parece ahora un experimento dadaísta, un performance del absurdo.
 

En el Ejecutivo exageran: son los más audaces para propagar sinsentidos. Deberían anunciar que le están chupando rueda a los poetas surrealistas y les ha dado por hacer un ejercicio de “gobierno automático”, dando rienda al subconsciente, ayudados por el ajenjo o los cigarros que dan risa.

Miren al presidente Otto Pérez Molina. Se graba anuncios de radio donde pregona que ni él ni su gobierno meten la mano en la justicia. ¡No, no y no! Y que un rayo lo parta. Y nos quedamos esperando que no le caiga uno sino dos truenos.

No basta la mentira, ¡además hay que hacerla insolente! Como que Baldizón se filmara un anuncio y dijera, modosito, que ya tiene otro doctorado. ¿Por quién nos toman?

Pero como una no es ninguna, tienen que hacer la segunda. Las barras bravas matan a un muchacho porque les indigna el color de su camisola y los mismos señores de la Presidencia se quieren montar al tren de la indignación, porque eso es lo que se lleva, lo que queda bien en el momento.

Vuelta y va de nuez y sale el Presidente a declarar que repudia la violencia en los estadios. El Ministro de Gobernación no se queda atrás y anuncia que tiene una ley para erradicarla.

Lo que no cuentan las autoridades, y niegan hasta con zapateo, es que el Gobierno financia a los más impresentables líderes de las porras salvajes y les otorgan contratos millonarios para hacer “mercadeo deportivo”. Con una mano le dan palmaditas de consuelo a las víctimas de la violencia –pobrecitos, necesitan de su magnánimo consuelo– y con la otra le pagan a los bestias que llegan a los partidos armados con tubos, palos y piedras.

En lugar de anunciar que van a cortar esos contratos ¡y hacerlo! salen a negar que existen. Como que nos vengan con el cuento que Santa Claus solo come apio picado, que Marilyn nació platinada o que se hace fortuna, auténtica fortuna, aplicando tintes y vendiendo champú.

De esa esquina viene la tercera necedad. De negro y con mantilla, va la Vicepresidenta a Roma para que su junior se saque una selfie con el papa.

Luego, cuando se arma escándalo, la distinguida dama se pone remolona y protesta por tanto jaleo. En un arrebato, dice que ella se paga sus boletos, que no recibe viáticos y que además, panda de shumos, “viajar a Europa sale más barato que ir a Petén”. Si así le salen las cuentas a ella, que le ponga pero ¡ya! la competencia a Expedia porque con esas ofertas monta una empresa con la que legítimamente se hace más millonaria.

Con maestros así, como para que no se alboroten los pupilos. Y aquí viene al caso el dipukid Juan Manuel Giordano. En 2 años el muchachito se ha cambiado por quinta vez de partido y se pasó a Lider. Aquí tenemos a un campeón: lo suyo es la velocidad para quitar y ponerse las corbatas. Y cuando le preguntan por qué este nuevo lance, el neneco sonríe a lo James Dean y dice que él es como Cristiano Ronaldo y busca el partido que lo haga ganar.

En lo único que se parece Giordano a CR7 es en una incipiente tendencia por depilarse las cejas, pero algo hay que reconocerle: al menos con él no hay que preocuparse por las máscaras. ¿Para qué perder energías en los disimulos?

Pues así estamos: mientras la vieja guardia pronuncia disparates como si no estuvieran en sus cuatro, la nueva camada se pule los dientes y los muestra a la cámara. ¡Vamos bien Guate, vamos bien!

Publicado el 05 de mayo de 2014 en www.elperiodico.com.gt por Dina Fernández
http://www.elperiodico.com.gt/es/20140505/opinion/246753/

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