¿Y ahora, qué?

Pasaron las fiestas navideñas, las celebramos de acuerdo con nuestras creencias, mismas que en una gran mayoría de ciudadanos giran en torno a la cultura judeocristiana en cualquiera de sus vertientes de expresión. El cristiano supone rememorar el nacimiento de Jesús y con ello, en muchos casos, la familia busca traer a su presente una reflexión de vida que le permita seguir cultivando esperanzas, paz y mejores sentimientos para compartir la vida en comunión con los otros. Esos otros pueden ser desde su familia, amigos,

compañeros de trabajo y miembros de este conglomerado llamado Guatemala.

La pregunta, ¿y ahora, qué?, que me atrevo a plantear inmediatamente después de esta celebración, tiene la intención de generar más profundidad en lo ocurrido para cada una de las personas y familias cristianas que de verdad se han tomado en serio este espacio de reflexión que el nacimiento de nuestro corazón de Jesús pudo haber provocado. Y es que, si nos atenemos a la experiencia de vida de nuestra sociedad, todo indica que terminada la fiesta navideña, empacamos y volvemos a ser y vivir sin mayores cambios y de esta forma, sin explicación alguna, en clara contradicción con nuestras expectativas, seguimos haciendo más lo mismo y, por tanto, la esperada transformación del futuro, no se asoma, ni se asomará nunca.

Sin duda alguna, la fuerza de nuestro actuar individual, guiados por las reflexiones de vida que cada uno tiene en su interior y al cobijo familiar de la época navideña, de trasladarse a acciones de vida, lograría grandes transformaciones en una sociedad que está urgida de encontrar vías de solución a sus grandes problemas, y es más, mientras más consistentes, permanentes y constantes sean estas pequeñas transformaciones personales, el impacto en la sociedad sería más intenso, profundo y culturalmente relevante. Pero, ¿algo nos pasa después de Navidad que olvidamos rápidamente esa conversación interna con nuestra conciencia?

Tomaré un texto de la publicación del reportaje principal de Prensa Libre del día 22/12/13: Niñez los inspira. Proveen comida, albergue y cariño a infantes que sufren por abandono o pobreza, para ilustrar cómo se puede extender nuestra reflexión navideña hacia los meses que vienen. Se ilustran de manera categórica áreas en las que con iniciativas propias o bien con apoyo a iniciativas existentes, usted y yo, podemos hacer la diferencia.

Le invito, después de leer estas líneas, a involucrarse de alguna manera para hacer el bien a los demás, inspirados en lo dicho por Jesús: “…Luego Jesús les dirá a los que están a su izquierda y les dirá: Apártense de mí porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve enfermo y no me visitaron”. Ellos le preguntarán: “¿Cuándo te vimos hambriento, o sediento o enfermo y no te ayudamos?”. Jesús les responderá: “Lo que dejaron de hacer por uno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí!”.

“Gricelda, de 7 años, toma con sus manos el envase plástico con el que riega la remolacha en una mesa de invernadero. Sonríe, y con timidez voltea a ver a la cámara, mientras cuidadosamente vierte agua en ese cultivo, el cual es para el consumo de las 21 niñas que viven en el hogar para niñas Las Marías, en la zona 1 capitalina… Aunque la Navidad es la época en que afloran con facilidad los sentimientos y acciones positivas, estas iniciativas se realizan durante todo el año. Los motiva el amor, el deseo de cambiar algo el mundo y la ternura hacia los pequeños…

 

Publicado el 26 de diciembre de 2013 en www.prensalibre.com por Juan Callejas Vargas 
http://www.prensalibre.com/opinion/ahora_0_1054694583.html

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