El TSE necesita independencia

La ciudadanía guatemalteca interesada en que se afiance el ahora tambaleante sistema legal del país tiene motivo de preocupación, debido a lo que ocurrió con la sentencia del Tribunal Supremo Electoral (TSE) respecto de la concentración efectuada en forma que puede calificarse de escandalosa para la proclamación fáctica del aspirante oficial a la Presidencia de la República, en la cual la vicepresidenta Roxana Baldetti participó en calidad de secretaria general del partido de gobierno.

La duda que debe ser resuelta se refiere al significado del término supremo. El Diccionario de la Real Academia Española lo define como “que no tiene superior en su línea, altísimo”, que a su vez expresa un grado superlativo. Es fundamental señalar este aspecto porque la comprensión y cumplimiento del significado de los vocablos permite la comunicación y, en casos como este, qué se debe entender en el campo del lenguaje común y en el del léxico legal, que no pueden ser contradictorios.

Esto significa, en referencia al proceso de las elecciones, que lo que decida el TSE no puede ser motivo de consulta a una instancia superior, porque esta no existe. De existir, dejaría de tener sentido el término “supremo” y debería llamarse simplemente Tribunal Electoral. Estas son las bases lingüísticas  para señalar que simplemente no es legal dirigirse a salas de Apelaciones, a la Corte Suprema de Justicia o a la Corte de Constitucionalidad. En esa calidad de inapelable radica la importancia del TSE y la necesidad de que sus integrantes sean personas de honorabilidad a toda prueba, como indudablemente fueron los primeros.

El TSE está obligado a actuar cuando hay ruptura abierta y desafiante a la legalidad. Haber dejado en suspenso la resolución de separar del cargo de secretaria general del PP a quien es al mismo tiempo vicepresidenta constituye un golpe bajo a la integridad del máximo tribunal electoral, sobre todo porque ella misma se refirió de manera clara a su calidad vicepresidencial y el aspirante se calificó a sí mismo como tal. Ello hizo que fuera una acción in fraganti y ante miles de personas —unas, simpatizantes, y otras, llevadas— que   estaban presentes en la Plaza de la Constitución.

Los fallos del TSE, si no son aceptados ni respetados, de hecho minan el prestigio de la institución, sobre todo cuando quienes lo hacen fueron llevados a integrar la Corte Suprema de Justicia, lo que solo se puede interpretar como un ardid para que, aunque contra viento y marea este alto tribunal conozca del caso, se mantenga la dualidad de  cargos, cuya existencia tampoco resiste un mínimo análisis lógico.

Solo quienes no quieren ver  no están conscientes de la necesidad de que el TSE infunda respeto. Cada vez aumenta más la decepción popular acerca del funcionamiento del Estado, en sus divisiones jurídicas, ejecutivas y legislativas. Al ocurrir  que el Gobierno o la oposición tienen magistrados favorables, que los amparos son utilizados para desprestigiar el sistema, están preparando el derrumbe del andamiaje social, aunque algunos no lo quieran aceptar.

 
Publicado el 01 de octubre de 2014 en www.prensalibre.com por Editorial Prensa Libre 
http://www.prensalibre.com/opinion/El-TSE-necesita-independencia_0_1222078099.html

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