Desobediencia de los partidos

Los políticos que controlan y son de hecho propietarios de esas agrupaciones electoreras calificadas en nuestro medio como partidos no cesan en su afán de demostrar su desprecio por la ley, comenzando con la que regula las actividades propagandísticas previas a los comicios generales. La última acción en esta reprobable vía es su negativa a retirar la ilegal propaganda que comenzaron desde hace varios meses.

Sobre todo en los departamentos, abundan vallas, frases y hasta pintarrajeos de piedras, árboles y cuanto lugar pueden. A lo largo de los caminos se pueden ver estas muestras de irrespeto a la naturaleza. En esto tiene un indiscutible primer lugar el partido Líder, que se ha ganado a pulso el primer lugar en el desacato a cualquier tipo de leyes, porque tiene más de seis meses de estar en abierta campaña presidencialista.

El Partido Patriota no se escapa. En su caso, el asunto es especialmente lamentable porque por ser el que hace gobierno, está más que obligado a acatar las leyes. El que no lo haga demuestra que sus máximas autoridades tampoco están interesadas en ser ejemplo de corrección política. En el grupo de partidos incumplidores de las normas también se encuentran Todos, Creo, PAN y la UNE, aunque estos lo hacen en una escala menor. Pero igual incumplen con las leyes. En otras palabras, Guatemala ya tiene tiempo de estar pintarrajeada de rojo, anaranjado, morado, verde y amarillo.

Es abierta e innegable la confrontación con el Tribunal Supremo Electoral, al que desean convertir en una institución casi de adorno, que no puede siquiera controlar la propaganda política. A todo esto se agrega que el sistema de castigo es de multas a los infractores, las que además de ser casi simbólicas, de hecho no sirven de nada. Los quebrantadores de la Ley Electoral recurren a amparos, lo cual en este caso significa que el TSE no puede ordenar que la propaganda sea borrada ni obligar a los partidos a hacerlo.

El Tribunal Supremo Electoral, en la realidad, contribuye poco. En vez de ordenar a los partidos, les recuerda que deben borrar la propaganda, lo cual se convierte en una recomendación que de seguro les provoca risa a los politiqueros. El plazo para que los partidos cumplan esta prohibición vence del 3 de julio, pero pensar en que cumplirán con ese precepto es en realidad una muestra de ingenuidad política o de fingimiento de incapacidad de entender las leyes, o de la decisión de retorcerlas.

Es un hecho que los castigos a los partidos políticos no pueden ser las multas, que resultan ineficientes y de cantidades ínfimas, sino la suspensión temporal o total cuando incumplen las leyes. Es la única manera de que el Tribunal Supremo Electoral demuestre fuerza coercitiva causante de temor a quienes burlan a las claras la ley respectiva. Las nuevas autoridades electorales tienen la oportunidad de ejercer su tarea, sabedoras de que recibirán apoyo generalizado popular. Pueden también decidir ser émulos de los primeros integrantes del TSE, cuando comenzó y se afianzó en la vida política del país.

Publicado el 01 de julio de 2014 en www.prensalibre.com por Editorial Prensa Libre
http://www.prensalibre.com/opinion/Desobediencia-partidos_0_1166883316.html

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