Empleo digno

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JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Está de moda criticar que no es suficiente con que haya empleos sino que estos deben ser “empleos dignos”. Es una aspiración legítima, pero nunca puede ser calificada como un “derecho humano”. Llamarlo así no solo denota una preocupante ignorancia respecto de cómo se crean puestos de trabajo sino que pone en riesgo la materialización de tan noble aspiración. De acuerdo a las estadísticas oficiales, únicamente el 3% de los seis millones de personas que forman la población económicamente activa se encuentran desempleados.

El problema es que solo 1.2 millones están afiliados al IGSS, por lo que debemos asumir que hay 4.8 millones de personas que no tienen un empleo “formal” y que no gozan de prestaciones legales. Vamos a decir que no tienen “empleos dignos”. La pregunta es ¿por qué?

Un “empleo” es algo muy complejo de crear. Requiere de un empresario dispuesto a correr el riesgo de invertir su mucho o poco capital en el lanzamiento de un producto o servicio. Que busque gente para trabajar con él y que comience a pagarles un sueldo aún antes de vender la primera unidad. La ignorancia de quienes desconocen este proceso les hace creer que crear un puesto de trabajo es de “soplar y hacer botellas”. Que es un derecho humano y que, por lo tanto, como dicen los patojos “¡zafo!” y alguien me lo tiene que proveer. Nada que ver. Un “empleo digno” es todavía más complejo porque requiere que el trabajador alcance el nivel de productividad necesario para gozar de un mejor salario y todas las prestaciones legales.

La productividad del trabajador proviene del capital invertido. Sea este capital humano —educación, capacitación, entrenamiento— o capital físico —maquinaria, equipo, infraestructura—. Así se pueden tener mejores ingresos. Por ejemplo, uno de los grupos financieros más importantes de Guatemala requiere una inversión de US$1.2 millones ¡por trabajador! para emplear a cinco mil 300 trabajadores. Otro grupo industrial invierte activos totales por US$115 mil para cada uno de sus ocho mil 700 empleados. Uno agroindustrial que emplea a 23 mil 500 personas invierte, en promedio US$70 mil por cada uno. Todas son empresas de capital chapín, líderes en su campo, que pagan “salarios dignos”. Mucha gente quisiera trabajar para ellos. Ojalá hubiese muchas más.

Ahora, elija su sector preferido, multiplique la inversión mencionada por el número de trabajadores en el sector informal y allí tiene la cantidad de capital que se requiere para solucionar el problema. Le recomiendo que use una calculadora. El reto es inmenso y por ello es tan importante tomar las decisiones correctas.

Así que todos los que alegan por el “derecho al empleo digno”, por lo menos, deberían ser congruentes. Deben hablar menos y trabajar más en hacer de Guatemala un país que atraiga el capital necesario para crear esos empleos que sacarán a la gente de la pobreza. Ver al capital y al empresario como el enemigo no solo es hipócrita; garantiza que un “empleo digno” se quede como una aspiración que, por su culpa, nunca llegará a ser una realidad.

Publicado el 25 de abril de 2014 en www.prensalibre.com 
http://www.prensalibre.com/opinion/Empleo-digno_0_1108089206.html

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