La mecánica del berrinche

Si algo me apasiona es observar los comportamientos de los niños y la reacción de quienes los rodean. Como se van adquiriendo las conductas que pasan a formar parte de la personalidad y hasta de la vida de la comunidad. El hombre busca satisfacer sus necesidades; por ello, aprende a manipular el mundo. Buscar esos satisfactores no es malo, es parte de la vida y el aprendizaje, pero cuando se olvida a los demás en el proceso y se pierde la perspectiva que se vive en una sociedad donde unos dependen de los otros, es dañino para todos.

En los mercados se puede ver cómo los niños piden a sus mamás golosinas o juguetes que se les antojan. El primer impulso de ella es negarles lo solicitado, pero bajo la insistencia del pequeño para dándoselo, muchas veces bajo la presión del berrinche, y a sabiendas de que no es lo más saludable o necesario. Igual pasa con la comida chatarra. La mayoría de pequeños ya no comen verduras, las madres consienten lo dulce por lo sano. Así es como se va consolidando la sociedad. La vida es qué me das, qué te doy, pero debe prevalecer el sentido común para saber dar lo que es correcto.

Hemos formado monstros que exigen y que reciben cuando hacen berrinches, aun cuando los resultados del acto son nocivos. Esto se debe a que, como las madres, aunque saben que lo que están dando no es lo mejor para ellos y por ende para la mayoría, se dejan manipular por promesas de futuro, que nunca llegan. El ejemplo es el mejor maestro; muestra cómo es que se debe actuar para lograr los objetivos. Patalea y te doy, pórtate bien y te ignoro.

La conducta del berrinche se ve ya en todos los ámbitos. Empieza en la familia, le sigue el centro educativo y se traslada a la vida en general. El daño, tanto para quien lo exige como para quien lo proporciona, es como una gota que perfora la piedra. Poco a poco pasa a ser parte del ser y se convierte en una enfermedad mental que se acomoda hasta llegar a matar.

¿Quién tiene la culpa? ¿El que pide o el que da? En la misma Constitución de la República está plasmado que todos tenemos el derecho de pedir, aun cuando no esté basado en ley; pero quien cede es responsable de las consecuencias. La madre sabe que la comida chatarra puede causar graves daños al organismo de su hijo, pero para evitar un mal rato, accede. El maestro sabe que aceptar la excusa de la tarea no entregada causa la irresponsabilidad, pero no quiere problemas con los padres. Gota a gota se forma al individuo y la sociedad.

Hoy se está ante una encrucijada. Qué damos cuando se pide qué y cómo. Es una tristeza que quienes solicitan en la forma correcta son mal tratados y generalmente ignorados; pero cuando sale el arrebato, las amenazas y los contubernios, entonces sí. Los buenos padres saben que decir no en el momento indicado salva muchas nalgadas y malos ratos a la familia. Las autoridades deben tener claro que para congraciarse con unos pocos hacen pagar las consecuencias a la mayoría.

Publicado el 07 de febrero de 2014 en www.prensalibre.com por Lucrecia de Palomo
http://www.s21.com.gt/cuaderno-escritor/2014/02/07/mecanica-berrinche

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