Clima de negocios negativo

Según informaciones oficiales, el clima de confianza, o sea el ambiente propicio para los negocios y la actividad económica en general, se ha deteriorado ostensiblemente, al extremo que los agentes económicos no solo se encuentran incómodos con la actual realidad económica, sino que también ven con pesimismo el próximo futuro. Efectivamente, el índice de confianza (Encuesta de Expectativas Económicas al Panel de Analistas Privados) en septiembre de este año se situó en 36.11 por ciento, en tanto que en marzo de 2012 alcanzó 80.77 por ciento. Es decir que en año y medio declinó aproximadamente el 45 por ciento.

 

El presidente del Banguat, Édgar Barquín, atribuye la percepción negativa a la inseguridad, la incertidumbre jurídica y la caída de la recaudación tributaria. Esto “hace que algunos inversionistas aplacen sus decisiones de inversión y no se generan esas fuentes de empleo, no se genera más actividad económica y no se contribuye al crecimiento económico”, afirmó Barquín.

 Sin duda, en marzo de 2012 recién había tomado posesión el gobierno presidido por el actual presidente Otto Pérez Molina (14 de enero de 2012) y los agentes económicos tenían la percepción de que las cosas mejorarían en comparación al ambiente extremadamente negativo, de confrontación, odio e intolerancia, que prevaleció durante el régimen de Álvaro Colom (2008-12).

 Lamentablemente, en febrero de 2012 el Congreso aprobó, a marchas forzadas, el “Paquetazo Tributario 2012” (Ley Antievasión II y Ley de Actualización Tributaria), fraguado durante el régimen de Colom por devotos y obsesionados “militantes tributarios” y calificado por expertos como antitécnico, antijurídico y antieconómico. En dos platos, se castigó con rigor el ingreso de la clase media (profesionales, medianos y pequeños empresarios, trabajadores calificados, etcétera) y se impusieron obstáculos a la inversión, a las transacciones y a la producción. Inequívocamente, éste fue el punto de inflexión entre la expectativa positiva y la negativa. Lo irónico es que la recaudación tributaria no mejoró substancialmente y, más bien, cayó en áreas clave como aduanas e IVA.

 Si a esto agregamos que se desincentivó la constitución de empresas mercantiles, que se endureció el régimen laboral, que aumentó exponencialmente la opacidad y la corrupción, que el endeudamiento público sigue viento en popa, que el alza de los precios de los combustibles es indetenible, que los precios de nuestros productos de exportación siguen cayendo, que se sigue cobrando la abusiva y arbitraria Tasa de Alumbrado Público, que aumenta el precio de los alimentos y que la conflictividad interna se ha venido agudizando, llegamos a la triste conclusión de que la magdalena no está para tafetanes y que encaramos tiempos de vacas flacas en medio de obesos y groseros politiqueros.

Publicado el 04 de octubre de 2013 en www.elperiodico.com.gt por Editorial El Periódico
http://www.elperiodico.com.gt/es/20131004/opinion/235587/

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