Un sistema en franco deterioro

La muestra de patriotismo que protagonizó Byron Lima Oliva en el reclusorio preventivo Pavoncito, sin la debida autorización, es una sencilla muestra de que en los centros de detención del país los privados de libertad hacen lo que les da la gana, y a ello hay que agregar que en muchos casos lo que allí ocurre trasciende esos muros, que resultan inútiles para frenar muchas otras fechorías que se han recrudecido en los últimos años y donde pierde sentido el concepto de la reinserción.
 

Lo cierto es que los penales están condenados a continuar siendo fuente de sorpresas porque el sistema está diseñado para privilegiar el castigo y no la prevención, y por ello es que tampoco resulta casual que la población en los reclusorios sobrepase de manera preocupante la capacidad de esas instalaciones, tal como lo muestra el hecho de que en la actualidad se hable de una cifra de más de 16 mil reos, cuando los inmuebles, en su conjunto, fueron diseñados para albergar a no más de siete mil personas.

Además, las propias condiciones prevalecientes en los penales tienden a degradar el modelo, empezando por la corrupción, que ha permitido que en los últimos años sean convertidos en centros de operaciones de la delincuencia organizada, que ha encontrado todas las facilidades para dirigir a sus cómplices en el exterior, principalmente a aquellos que resultan siendo el brazo ejecutor de las extorsiones, flagelo que se ha vuelto la peor pesadilla para miles de guatemaltecos.

Pero quizá la mayor preocupación gira en torno al perfil de los reclusos en la actualidad, que son muy diferentes a los que había hace un par de décadas, según lo detalla un informe presentado ayer por el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien), que refiere que la evolución de la criminalidad plantea hoy retos más cruciales, como la existencia del crimen organizado, pandilleros, extorsionistas, secuestradores o narcotraficantes, algunos de los cuales ciertamente ya los había, pero no actuaban con la crudeza con que lo hacen ahora muchos de los que son recluidos en las prisiones.

De hecho, uno de los hallazgos en la investigación efectuada por el Cien es que de los 16 mil 70 privados de libertad, 14 mil 677 son hombres y mil 393, mujeres, y de estos, el 72 por ciento está comprendido entre los 21 y los 40 años de edad. Pero además se destaca que entre los delitos más recurrentes están el robo agravado y los homicidios, a los cuales les siguen asociación ilícita, secuestro, extorsión, portación ilegal de armas, violación y, en menor escala, la conspiración, y la violencia contra la mujer, pero que en conjunto constituyen el 59 por ciento de los hechos delictivos por los que se guarda prisión.

El panorama presentado por el Cien es sumamente grave, y a este hay que agregar la debilidad institucional y la corrupción, que complican aún más ese cuadro, y quizá por eso es que no constituye ninguna novedad que algunos impongan su voluntad y hagan literalmente lo que se les da la gana, o que otros hayan convertido los reclusorios en oficinas para dirigir a peligrosos delincuentes, aunque las autoridades pretendan contradecir esa situación.

Publicado el 20 de Septiembre 2013 en www.prensalibre.com por Editorial Prensa Libre 
http://www.prensalibre.com/opinion/sistema-franco-deterioro_0_996500379.html

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