El mes menos cívico

Civismo es todo el esfuerzo que se hace para que las jóvenes generaciones conozcan, amen y respeten su país. En septiembre, esto es lo que menos sucede.

¿Será que los actos cívicos, los murales, las antorchas, los desfiles y los concursos, que abundan en este mes, verdaderamente llegan a crear amor auténtico por “la patria”, el país, la nación, lo que le digamos?

Festejamos la “independencia” como el gran momento de nuestra historia. Y lo hacemos con mucho activismo, con gran despliegue de recursos y esfuerzos. Pero, ¿con cuánta profundidad, con cuánta sabiduría, con cuánto impacto en la comprensión de la realidad histórica y presente? ¿Cuánto amor verdadero,  consciente, comprometido y activo, creamos en niños, niñas y jóvenes por sus comunidades y país? ¿No será que ese falso civismo crea más vanidad, lucimiento personal y competencia desleal en lugar de formar en valores y actitudes necesarias para mejorar nuestro país, el festejado del mes?

Porque los concursos de “señorita independencia”, “señorita simpatía” o como le llamen, en muchos casos, siguen siendo una carrera por ver quién vende más votos. O son una competencia de egos, de lucimientos por la ropa o por los atributos físicos. Me parece realmente aberrante que se le ponga la etiqueta de “por amor a la patria” a concursos que regalan “a la patria” una ganadora y un montón de perdedoras, con la autoestima dañada, con enojos, con vergüenzas acarreadas o con papás endeudados innecesariamente.  (No olvidamos que los vendedores informales ganan, aún más los vendedores de uniformes, adornos, instrumentos, etcétera, y eso es algo bueno, pero mínimo en la cruda realidad económica actual).

El amor por nuestro país debe demostrarse en la ciudadanía plena, que incluye la actitud de pagar nuestros impuestos, el trabajo honrado, así como el activismo comunitario, social y político a favor de las ideas que tengamos de un mejor país. En medio, aparece la necesaria y urgente formación ciudadana de niñas, niños y jóvenes.  Ella representa el más auténtico y potente aporte cívico, que debe suceder durante todo el año, y todos los años del sistema escolar. Pero se desvía, se distrae, se hace superficial en este mes.

Porque en lugar de concentrar nuestros mejores esfuerzos por comprender si hubo o no independencia y así descubrir a quiénes favoreció aquel 15 de septiembre de 1821 y, en consecuencia, aproximarnos a “ver” cómo ha sido nuestro país hasta hoy, en lugar de todo eso hacemos desfiles, actos y carreras de antorchas que no se acompañan de reflexión, diálogos y la comprensión histórica profunda. En  lugar de interiorizar comportamientos auténticamente interculturales, de respeto y luchas compartidas entre pueblos y culturas,  nos conformamos con bailes llamados “folclóricos”, o con disfrazar de indígenas a niños y niñas, sin esforzarnos en lo más mínimo porque alcancen amor, respeto y compromiso a favor de las cuatro culturas en nuestro país.

En otras palabras, este mes es el menos cívico porque es el mes en el que menos comprendemos nuestra historia y nuestra realidad, porque nuestra atención está en los personajes y los símbolos. Porque preocupa más el espectáculo y sus espectadores pasivos que la formación de ciudadanía.  Porque es el tiempo en que más descuidamos la ya abandonada educación desde y hacia la realidad,  cuyo más importante resultado debiera ser un amor apasionado y comprometido hacia nuestro país.

Publicado el 03 de Septiembre 2013 en www.s21.com.gt por Carlos Aldana Mendoza
http://www.s21.com.gt/gaia/2013/09/03/mes-menos-civico

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