La debacle de un farsante

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SIN PENA NI GLORIA, Libertad Democrática Renovada (Líder) dejó de existir. Atrás quedaron las bravuconadas de Manuel Baldizón cuando amenazaba con movilizar a miles de campesinos de la Guatemala profunda y ahora apenas dos voces se han escuchado a favor de esa agrupación.

Roberto Villate, jefe de bancada, y Fridel de León, quien dirigió la encuestadora que siempre ponía a Baldizón en primer lugar de los sondeos, aseguran que apelarán la decisión del Registro de Ciudadanos de cancelar la agrupación que ya era un cadáver político. El triunfalismo que siempre acompañó al expresidenciable no le permitió detener su abrupta caída a manos de las protestas ciudadanas. Su imperio se derrumbó cuando se preparaba a tomar el poder al frente de una peligrosa estructura que reunía a lo más granado de la clase política mafiosa y amenazaba con superar la corrupción del Partido Patriota.

HACE APENAS UN AÑO, Baldizón se erigía como el hombre más poderoso del país. En alianza con el PP había logrado imponer magistrados en la Corte Suprema de Justicia, controlaba el Congreso y amenazaba con quitar a Thelma Aldana de la Fiscalía General y expulsar de Guatemala a Iván Velásquez, jefe de la Cicig, luego de que estos señalaran a su vicepresidenciable, Édgar Barquín, de estar implicado en lavado de dinero. Baldizón no solo se creía el presidente, sino que varios sectores lo veían como tal. El Cacif se había resignado a aceptarlo como el nuevo interlocutor en el Ejecutivo y Líder contaba con el apoyo total de Ángel González, el señor de los canales, gracias a que llevaba a su cuñado, Luis Rabbé, como candidato a diputado. Estaba en su apogeo la campaña de “Te toca” que coronaba una campaña proselitista millonaria, la cual sobrepasaba el techo establecido por el TSE.

SI SE CREÍA TRIUNFADOR, ¿por qué Baldizón defendió hasta el último momento a Pérez Molina y naufragó con él? Había dos razones poderosas: el presidenciable de Líder no iba a permitir que se sentara el precedente de que por denuncias de corrupción quitaran a un gobernante, porque en el futuro se veía en ese espejo. Sus planes de saqueo de las arcas públicas eran mucho más ambiciosos que los del PP, que incluso había conformado un emporio de medios periodísticos para drenar recursos estatales y que le sirviera de escudo en su pugna con la prensa. A pesar de que sentía un profundo desprecio por Pérez Molina —así lo dijo a algunos de sus colaboradores—, lo quería mantener a flote como muestra de su inmenso poder. La segunda razón era económica. Alejandro Sinibaldi, desde el Ministerio de Comunicaciones, había contribuido a la campaña proselitista de Baldizón por medio de contratos. A eso se debió que Sinibaldi nunca tuviera problemas con la bancada roja.

LA SOBERBIA NO LE PERMITIÓ a Baldizón darse cuenta de que había cavado su tumba política. Creía que el movimiento ciudadano contra la corrupción era incapaz de cambiar la correlación de fuerzas. El dueño de Líder basaba su fuerza en el área rural y veía con arrogancia lo que consideraba un grupito de manifestantes clasemediero urbano. Sin embargo, las redes sociales habían comenzado a surtir su efecto avasallador y ampliaron el rechazo ciudadano a todo el país. En esa debacle no solo fue derrotado el partido de la corrupción organizada, sino que se vino abajo el poder comunicativo del monopolio televisivo de Ángel González. Hoy Baldizón es solo un mal chiste y cuyo nombre podría salir en cualquier momento como otro de los implicados en las mafias que han saqueado al país.

Publicado por www.prensalibre.com el 27 de Julio 2016 por Haroldo Shetemul.
http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/la-debacle-de-un-farsante

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