Los cuates o los mejores

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Los equipos de Gobierno se han conformado por los cuates. 
 
Los presidenciables que han resultado electos siempre enfrentan una disyuntiva o dilema a la hora de integrar sus equipos de Gobierno, designar a los cuates, que son los de confianza, los amigos, los parientes, los allegados y los incondicionales, independientemente de si son o no competentes, o dar cabida a los mejores, es decir a los que tienen los méritos de capacidad (aptitud o suficiencia para el desempeño del cargo), idoneidad (apropiado o adecuado para el puesto) y honradez (rectitud de ánimo, integridad en el obrar) para ocupar los respectivos cargos públicos, que son exigidos por la misma Constitución. 

En todo caso, debe tenerse presente que es común que los presidenciables comprometan puestos y cargos públicos a cambio de financiamiento político-electoral. De suerte que para ninguno es un secreto que la tradición es que los gobernantes asumen el poder público con funcionarios vinculados a intereses particulares o espurios. O sea que el objetivo principal de los “nombrados impuestos” es invariablemente aprovecharse de la función pública y no trabajar en función del bien común.

Por otro lado, la designación de los cuates, sin reparar en si estos están o no calificados, condena a la nueva gestión gubernativa a la mediocridad, a la intrascendencia. Se renuncia a hacer la diferencia, al cambio, a buscar la excelencia y lo óptimo, y se acepta lo mismo, lo de poca calidad e, incluso, lo malo demostrado. El mediocre, aunque quiera, no puede aportar más allá de lo ordinario, lo común, lo regular. Aunque lo peor llega cuando el funcionario mediocre se mete a hacer cosas que no entiende o que desconoce, porque estas decisiones llevan a entuertos que redundan en verdaderos dolores de cabeza para el gobernante. No hay peor cosa que un tonto con iniciativa.

Sostengo que el fracaso de los gobernantes se debe, en gran medida, a la mala designación de los equipos de trabajo, a haber optado por los cuates y no por los mejores. El nombramiento de los ministros, los secretarios de la Presidencia y, en general, de los principales colaboradores, ha venido recayendo en los serviles, los temerosos, los incondicionales, los mercenarios y los aduladores, en fin en aquellos con los que el jefe se siente bien, cómodo, y no con aquellos que saben, razonan, cuestionan, disienten, aportan y enriquecen, es decir los incómodos.

Desde la apertura política de 1985 los equipos de Gobierno se han conformado con los cuates del gobernante, con los cómodos, y no con los mejores, con los más competentes y calificados. Esto explica, sin duda, el fracaso rotundo de todas las gestiones gubernativas, desde la de Vinicio Cerezo (1986-91) hasta la de Otto Pérez (2012-5).

El 14 de enero de 2016 se iniciará la gestión presidencial de Jimmy Morales (2016-20), quien resultó electo en las elecciones celebradas el pasado 25 de octubre. Dada la actual crisis política e institucional por la que atraviesa el país y con miras a evitar que nuestra sociedad se siga rezagando del futuro de prosperidad, sería deseable y recomendable que Morales rompa con la tradición de gobernar con los cuates, y que conforme los cuadros de Gobierno con los mejores, aunque le resulten incómodos.

Solo con los mejores, a quienes les son inherentes el talento, la ilustración, la integridad y el sentido común, el presidente electo, Jimmy Morales, podrá hacer un buen Gobierno y frustrará los malos augurios de sus intemperantes detractores y desesperados adversarios políticos, así como de los enemigos de la democracia institucional, que siempre están conspirando, al acecho.
 
 
Publicado el 16 de noviembre de 2015 en www.elperiodico.com.gt por Mario Fuentes Destarac
http://elperiodico.com.gt/2015/11/16/opinion/los-cuates-o-los-mejores/

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