Dignidad

Sra. Baldetti: ¿Alguna vez pensó como será recordada? Pudiendo haber sido como la primera mujer vicepresidenta de un país netamente machista y conservador, dejó como legado a una población que la reconoce por la descarada corrupción de su gobierno, pero más aún, por el cinismo del cual usted se aferró. Si es que llega a disfrutar de sus casas, aeronaves y lujos, lo que no podrá disfrutar es de la paz de poder ver a alguien a la cara y ser incapaz de explicarle por qué teniendo el privilegio, el poder y la oportunidad que tuvo, no los utilizó para encaminar al país hacia un mejor futuro. La dignidad no tiene precio. Será a partir de cuando usted deje su puesto cuando verá que ya no son los periodistas quienes le persiguen sino las miradas de desaprobación, de enojo y rechazo que usted querrá evitar por el resto de sus días. Le perseguirá su conciencia. Y allí vendrá la “epifanía”. No hay que ser idealista para reconocer que la Democracia es el vehículo que permite la construcción de un edificio de prosperidad, de equidad, de libertad, justicia y de bienestar con equidad. Sin embargo, el abusar de ese sistema y desperdiciar los talentos que pudo haber usado para cambiar el triste rumbo del país, debiera hacerla reflexionar sobre la oportunidad que tiró a la basura por esa nefasta idea de que la riqueza material adquirida a toda costa es lo único que vale la pena en la vida. No hay cirugía plástica para la dignidad ni liposucción que elimine la vergüenza. No hay Botox que esconda la deshonra ni marca de ropa que cubra el descaro. No hay doctorados o títulos que concedan honorabilidad cuando esta no es demostrada. Al final, no hay cuenta de banco suficientemente grande que suplante la transparencia de la mirada y la honestidad de las palabras. ¡No hay agüitas mágicas que limpien la podredumbre, pues! Ya sea que renuncie, o que deje el cargo el 14 a las 14, usted pasó a engrosar la lista de politicastros que jugaron con la esperanza y con el futuro de Guatemala y de los cuales estamos hartos.


La próxima vez que use su jacuzzi, piense si algún centavo usado para construirlo fue arrebatado de un niño que hoy necesita comer. Cuando se suba a sus caballos, piense cuántos pupitres no fueron comprados donde hoy los niños estudian en el suelo. Piense cuántos pacientes mueren por falta de medicina mientras Ud. recibe tratamientos de belleza. Cada trago de licor de dinero mal habido le sabrá a la sangre que desborda en las calles, consecuencia de la ira, el hartazgo y el subdesarrollo que era su obligación enfrentar. Algo del futuro del país estuvo en sus manos pero usted desperdició el chance y deshonró su responsabilidad. No hay dinero suficiente que pueda comprar la dignidad. Asómese este sábado al parque: no verá cámaras de reporteros buscándola. Verá miradas de personas de todos los colores, credos, edades e ideologías usando la Democracia como debe ser. Serán caras de desprecio, reclamo, de recriminación… de indignación. Pues así es como hoy estamos.

#CICIGsi

Publicado el 24 de abril de 2015 en www.prensalibre.com por Samuel Pérez Attias
http://www.prensalibre.com/opinion/dignidad

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