Su signo será corrupción

Alguna vez, posiblemente en la ingenuidad sexista, alguien argumentó que la razón por la cual las mujeres deberían estar en la política era por “su honradez”. Misoginias aparte, creo que considerar, según el exponente, que las mujeres son honradas por ser mujeres, es una conclusión no solo falsa, sino apartada de la realidad.

En todo caso, mi argumento acerca de la participación en política, sea de hombres, de mujeres, de gais o lesbianas, no tiene que ver con “honradez”. Este NO debería ser un tema a discusión en política.

Soy de la opinión de que debe ser capacidad. Mi refutación a quienes propugnan “cuotas” —por género, por sexualidad, por etnicidad— es que me sorprende que hablen de las diferencias individuales, pero que ninguna de ellas se refiera a capacidad. Insisto, la “honradez” asociada a un género es un argumento falso, porque tan ladrón puede ser una mujer, un gay, una lesbiana o un hombre, como tan honrados pueden ser todos. Y tanta sed de poder puede haber en cualquiera de ellas y ellos, que los Valores fundamentales que hacen de la política una práctica noble —ensuciada ahora por mujeres con poder— se desmoronan ante las artimañas, las traiciones, los engaños y las puñaladas de las que toda persona es capaz, independiente de su género.

De hecho, ante la evidencia empírica —léase Roxana y Sandra, solo para mencionar dos casos— no se sostiene ante la afirmación que “las mujeres son honradas”. Si por estereotipos fuese, también alguien en su ingenua y falsa lógica podría generalizar que Roxana y Sandra son mujeres, Roxana y Sandra no son honradas; conclusión, todas las mujeres no son honradas, sino seres sedientos de poder que utilizarían la corrupción, la mentira y el populismo para alcanzar sus objetivos políticos. Esta conclusión es tan falsa como la primera.

El individuo es el corrupto independiente de su género o sexo. La corrupción, como hemos visto en el caso de supuesta defraudación aduanera en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), es un caso de individuos con vínculos al poder que da el puesto de presidente y vicepresidente de la República.

En una entrevista con el entonces “entrevistador” Julio Ligorría, la misma candidata vicepresidencial Roxana Baldetti aseguraba que ella no quería dejar el gobierno señalada de corrupta, y que su incentivo más grande era que sus hijos, que son hombres, hombres, hombres, no debían ser avergonzados con la conducta corrupta de su mamá. Y por eso le pedía al entonces candidato y ahora presidente Otto Pérez Molina que en lugar de ocho cuasi guerreros contra la corrupción le diera 40 (al estilo Ali Babá). Ahí está que su guerrero mayor, JC Monzón, prófugo mientras escribo estas líneas, acusado de ser el cabecilla de un grupo dedicado a la corrupción fiscal aduanera, salió corregido y aumentado.

No, no es cuestión de género o sexo, ni de etnicidad, ni de edad, ni de religión. Es cuestión de Valores. Roxana y Sandra muy mujeres pueden ser, pero eso no las hace “honradas”. (Ah, y yo sí considero que Roxana estaba enterada de los “whereabouts” de JC Monzón).

Publicado el 22 de abril de 2015 en www.s21.com.gt por S21
http://www.s21.com.gt/era-libertaria/2015/04/22/signo-sera-corrupcion

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