“¡Adiós, Guatemala!”

Desde hace una semana las mañanas son lluviosas y oscuras como el horizonte de miles de familias chapinas porque no soportan la violencia, la corrupción, las extorsiones, los asesinatos atroces. A diario aparecen cuerpos humanos descuartizados en casi en todo el país. Los niños y los jóvenes se sienten asediados por toda clase de peligros horrendos. Que algunos chapines “nahuilones” no quieran verlo así es otra historia. Conozco a varios de esa “raza” que no les importa esta guerra cotidiana, por cobardía o por conveniencia.

La tragedia de los niños migrantes es el mejor botón de muestra de esta grave situación en el país. En los meses recientes hemos recibido la noticia de que el traslado de menores hacia Estados Unidos se duplicó. Para sus familiares la violencia ha llegado a niveles insoportables, por lo que han preferido sacarlos, ¡aunque sus vidas corran peligro en el proceso!

El barco chapín se hunde. Los “ausentes”, como se llaman a sí mismos los migrantes, porque no pensaban irse del todo, lo saben. Y ahora sí, con sus hijos allá, “adiós a Guatemala y a las remesas”, agregó el Clarinero. Antes, en los pueblos del altiplano guatemalteco los jóvenes esperaban la mayoría de edad para sacar su cédula, conseguir un préstamo para pagar a un coyote e irse con un familiar en los Estados Unidos. Las aldeas quedaron diezmadas, al extremo de que no se podían juntar suficientes patojos para armar equipos de fútbol. Pero ahora será peor. Después de ver las fotos de estos niños migrantes en los albergues de la frontera de Estados Unidos, nuestros pueblos, con las casas hechas con dineros de las remesas, se quedarán desolados. Imaginé aldeas fantasmas entre la neblina de las montañas.

¿Qué hace un país cuando se queda sin niños porque no quieren ser mareros, drogadictos o asesinos? Hice un poco de historia para encontrar alguna solución. Antes quien se iba a los Estados Unidos se pasaba tres años pagando su deuda de viaje y contribuía al presupuesto familiar. Al salir de la deuda mandaban dinero para hacer inversiones: comprar terrenos, construir una casa, ropa y zapatos para que sus hijos fueran presentables a la escuela, equipos de sonido, de TV. Luego financiaban al coyote para que trajera a sus hijos mayores de edad. Estos héroes migrantes seguían con el cordón umbilical en Guatemala. Tenían la ilusión de revertir el sueño americano: volver a su tierra y montar algún negocio. Pero ahora ya no.

Pienso en voz alta. Una solución sería invertir en la gente; no lo han hecho los gobiernos chapines. El Ministerio de Economía, a través de sus programas de emprendimiento, podría poner a disposición de los consulados de Guatemala en los Estados Unidos líneas de crédito y asistencia técnica para quienes, estando en los mercados americanos, estén dispuestos a organizarse como grupos de empresas familiares que produzcan en Guatemala y vendan en las comunidades donde radican. El lema podría ser: “Crear una nueva generación de empresarios jóvenes que toman en sus manos el futuro de Estados Unidos y Guatemala”.

Publicado el 13 de junio de 2014 en www.prensalibre.com por Rita María Roesch
http://www.prensalibre.com/opinion/Adios-Guatemala_0_1156084443.html

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