¿Quiero una cultura de cumplimiento o cultura de pasividad?

Debemos velar por el cumplimiento y respeto de nuestras leyes. 
 
Estimado lector, cuando usted va en el tráfico y presencia un asalto, ¿qué hace? Cuando le cuentan que aquel viejo amigo de la familia está siendo extorsionado, ¿qué hace? Y ¿qué ha hecho cuando transita por las calles y observa la publicidad electoral ilegal que adorna nuestro entorno?  

En Guatemala tenemos un problema y es que, aunque nos gusta hablar y quejarnos, no tenemos costumbre de denunciar. Nos da “pena”, “pereza” o “nos da igual”, porque creemos que “no es asunto nuestro”. Desde la violencia callejera y los accidentes de tránsito, hasta una campaña anticipada, todas las violaciones de ley nos conciernen porque atentan contra nuestro Estado de Derecho. Como ciudadanos, debemos velar por el cumplimiento y respeto de nuestras leyes. Y es que debemos de reconocer que el Estado de Derecho y la “cultura de cumplimiento” son dos lados de la misma moneda. Como ciudadanos, debemos activar el círculo virtuoso que nos permita fortalecer el marco de reglas de convivencia de nuestra sociedad. Es aquí donde la cultura de cumplimiento juega un papel clave.

Existe la idea generalizada que la cultura promueve el progreso social. En sí, la palabra “cultura” conlleva un trasfondo mucho más elaborado que confirman tal idea. La antropología social define como cultura al “universo de normas sociales, comportamientos, actitudes, creencias y hábitos compartidos por los individuos de un conjunto social” (Mockus, Murraín, Villa; 2012). Por tanto, si la sociedad está basada en personas, dependerá de su cultura el progreso de su país, tanto a nivel de instituciones como de ciudadanía. El destino de una nación se predica sobre las creencias que la sostengan y las ideas en que los ciudadanos basan su actuar.

Según el político y filósofo Antanas Mockus, existe evidencia que afirma que las dificultades de un país tienen fuerte relación con las actitudes y creencias de las personas. Continúa afirmando que dichas dificultades son totalmente independientes de la capacidad de sanción del Gobierno o de las condiciones socioeconómicas. Para fortalecer el trabajo de nuestras instituciones se requiere de un acompañamiento ciudadano. El cambio se debe de liderar y ejecutar desde las instituciones, pero es el acompañamiento y actitudes ciudadanas las que habilitan ese trabajo.

Por tanto, no podemos ignorar que parte de esa cultura de cumplimiento recae en nosotros. Como ciudadanos, es nuestra responsabilidad “reportar” los hechos ilícitos que día a día presenciamos, desde una valla publicitaria que grite a los cuatro vientos campaña anticipada, hasta asaltos en moto durante las hora pico del tráfico.

Ya lo he mencionado antes, pero me parece oportuno recalcar, que los cambios de raíz en nuestro país no sucederán si nosotros, los ciudadanos, no colaboramos para lograrlos. Plataformas como Alertos (alertos.org) promueven esa cultura de cumplimiento al permitirle al ciudadano denunciar confidencialmente altercados al orden público y social, tales como campaña anticipada, asaltos en moto, robos, etcétera.

Así que la próxima vez que algún amigo le cuente sobre una extorsión, que sea testigo de un asalto, o que vea una valla de campaña anticipada, pierda el miedo y la pereza al denunciar el hecho. Empoderémonos de esa cultura de cumplimiento que tiene el potencial de transformar nuestra nación. ¡Dejemos la indiferencia de lado y velemos por nuestro Estado de derecho!

Publicado el 03 de abril de 2014 en www.elperiodico.com.gt por Salvador Paiz 

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