El tamal del Año Nuevo

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Publicado por Canal Antigua el 22 de diciembre 2016

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No pretendo referirme con el título de esta columna a la tradición culinaria de las familias guatemaltecas que suelen servir este platillo, típico de la gastronomía local y particularmente de las fiestas decembrinas, a amigos y parientes en torno a la mesa del hogar. Más bien, pretendo hacer referencia a aquella alusión del argot popular que tiene connotaciones bastante más oscuras. Decir que a alguien “le están preparado un tamal” es casi como decir que le están preparando una especie de emboscada, de situación embarazosa o complicada. No sé porqué tengo la impresión que, de alguna manera, la sociedad está en una especie de vigilia que precede a nuevas noticias en el frente político. Veamos algunos signos.



Primero, el año cerró en una especie de sprint final abortado en el Congreso de la República. Un par de discusiones muy sensibles –entre ellas la de la reforma constitucional–, quedaron inconclusas, dejando un sabor muy amargo entre los actores sociales involucrados. Un tema que debió ser un esfuerzo conjunto, consensuado, apoyado desde diferentes espacios sociales, se convirtió en un pulso desagradable en el que se ejercieron presiones de todo tipo, en una especie de competencia para ver quién tenía más poder o voz. Dado que este capítulo no se ha cerrado, no sería extraño que nuevas presiones vengan a ejercerse sobre un castigado Organismo Legislativo. Algunas señales aparecen ya, en la forma en la que se han retomado nuevamente señalamientos públicos e investigaciones sobre algunos legisladores y partidos políticos que tienen un decir en este asunto. Están allí las hojas del tamal.

Un segundo aspecto está relacionado a un esfuerzo por aplanar el ambiente político, descalificando, desacreditando y, en algunos casos, hasta buscando desarticular a sectores o grupos que se pueden percibir fuera de la agenda política de los poderes reales del país. Particularmente notoria ha sido la especie de coordinación que se percibe entre ciertos agentes de la opinión pública, para lanzarse con todo el peso de su influencia (salvo importantes y honrosas excepciones), para ir detrás de actores o instituciones que perciben incómodos o fuera del espíritu de la plaza. A guisa de ejemplo: en diciembre, como si la sociedad estuviera cortada por dos mitades –los buenos (los propios) y los malos (los ajenos)–, se ha presenciado un esfuerzo por etiquetar o linchar, haciendo uso de generalizaciones evidentes y mezclando información con datos inexactos, a sectores con los que no se comparten puntos de vista. Esto abona a un clima en el que algunos esperan ansiosos, que a varios de estos actores les aguarde alguna sorpresa. Allí estaría entonces, la masa del tamal.

“Hay quienes pretenden ver que el color del futuro del país terminará pareciéndose a la pregunta que se hace cuando se ofrece un tamal: ¿lo quiere negro o colorado?”

Uno último y no por ello menos importante, se refiere al centro de decisiones políticas en el país. Uno podrá diferir si este epicentro está o no en el Organismo Ejecutivo, pero que es en ese lugar donde propios y extraños ponen su mirada, eso sí que es indiscutible. También allí, como si fueran recordatorios permanentes de su propia vulnerabilidad, investigaciones y procesos iniciados a los círculos del Ejecutivo mantienen su vigencia, pudiendo eventualmente provocar sismos importantes dentro de la jerarquía política del país. Todo esto depende del acelerador o del freno que se aplique cuando corresponda. Sabemos que hay quienes, desde el año pasado, han imaginado un futuro de cambios políticos sin tener que recurrir a los molestos electores y quizás una situación así –piensan– les pueda brindar una nueva oportunidad. Esto termina de poner la carne en medio del tamal.

Fin de año es momento de reflexiones. Guatemala ha dado pasos muy importantes en la búsqueda de consolidar una mejor democracia, instituciones más firmes y un combate a la corrupción que sea verdaderamente efectivo. El año 2017 debe ser uno en el que esa agenda no pierda un ápice su fuerza –lo que debe hacerse en la lucha contra la corrupción tiene que ocurrir–, pero debe llamarse a todos los actores de la sociedad a acercar posiciones y a no dejar que esta batalla pierda su carácter nacional para terminar siendo un instrumento de las luchas de poder. De momento, los signos podrían sugerir lo contrario. Hay quienes pretenden ver que el color del futuro del país terminará pareciéndose a aquella pregunta que se le hace al pariente, cuando se le ofrece un tamal: ¿lo quiere negro o colorado? Yo estoy seguro que hay y debe haber un futuro de diferente color.

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